martes, 28 de junio de 2011

What I am

Todo el mundo tiene un lado oscuro. Yo también tengo secretos, cosas que nadie sabe, o al menos nadie sabe todo de mí. Pienso cosas que sería mejor no sacar de mi cabeza. Mejor que nadie se entere.

Yo también anhelo un contacto real, una caricia directa sobre el alma, sin usar máscaras, sin fingir, sin actuar. Transformarme... no, fundirme con el aire. Necesito una tonelada de caricias sobre el corazón, volver a sentir mis manos, mis brazos, mi cuello, mis párpados, mi pelo, mi pecho, mi espalda, mi vientre, mis piernas, mis pies, mi piel y cada uno de sus pliegues más allá del alcohol, de la noche, de las luces, de la gente, del ruido...

Sentirme un poco más viva, pero viva de verdad, no viva entre muertos.

martes, 7 de junio de 2011

Os voy a contar un secreto... estoy enamorada.



Antes de nada tengo que decirte que hoy que he estado leyendo viejas cartas me he dado cuenta de que le quise más a él. Lo nuestro tenía la miel de la calma, la calma del mar, el océano de la pasión, pero no tenía la chispa de mi corazón queriendo encenderse constantemente contra tu pecho, aunque la mayor parte de las veces lo desease con tanta fuerza que casi estuve a punto de quererte de verdad.

Pero supongo que esto son cosas que solo se saben con el paso del tiempo. Y es que aún recuerdo cómo se me salía la sonrisa cuando me llamaba por teléfono, pero se me salía de verdad, desde debajo del obligo, y no desde los hombros como siempre me pasó contigo. Le quería con ese amor que te hace escribir poesía. Eso tú nunca lo conseguiste.

Hoy solo quiero contaros, a los demás, que estoy enamorada. A ti no, porque la estás mirando a ella en la cama, así que no es algo que te importe, ni que te afecte, ni que merezca tu atención. Solo soy yo hablando de amor.

Él es una persona maravillosa, porque es uno y varios al mismo tiempo. Y así me quiere abrazar. Quiere abrazarme para olvidar un amor que se le escapó de las manos, que quizá no supo gestionar... Y es que no sabe y no sabrá nunca si fue culpa suya. Es un ser tan especial y no lo sabe... No sabe que a veces por las noches me recorro con las manos pensando en él.

Es un poco duro a veces, se hace de rogar. A veces también tengo que ser yo la que le abrace, porque él no cede, pero cuando lo hago siento que le gusta. Y a mí me sube ese calor desde la planta de los pies hasta cada uno de los pelos de mi cabeza. De verdad que siento su calor en mi pelo.

Le gusta leer. Adora la literatura y la conoce infinitamente mejor que yo... pero también la siente como yo. Siente el poder que ejerce cada letra sobre el alma, esa presión que empuja las lágrimas hacia la realidad, desde los rincones más oscuros. Desde los más vacíos. Me habla de los libros, de los escritores, de sus ciudades, de sus museos, de sus parques, de sus ríos, de sus puentes...

También le gusta el cine, y arte. Me lleva a ver museos, y nos pasamos horas y horas mirando las pinceladas, pero también nos gusta el olor de los museos, su silencio, las risas de los niños que rebotan contra las paredes, el aburrimiento de los guardas de seguridad... Le gusta ver cómo me descalzo a escondidas para acariciar el suelo de los museos con los pies.

Y hablando de pies, está secretamente enamorado de la manera en que doblo el tobillo del pie izquierdo cuando cierro los platos. Le gusta oler mi pelo cuando estoy dormida, y me abraza todas las noches para que no me asuste con mis extraños sueños.

También me ayuda a soñar, sin embargo, cuando estoy despierta. Me anima a seguir con mi vida, y le emociona compartir sus planes conmigo.

¡Ah! ¡Y sabe escribir! Escribe tan bien que cada vez que leo sus textos siento que en algún momento debió colarse aquí dentro y robarme todas mis emociones, mis sentimientos, mis sensaciones. Puedo echarme a reír, echarme a llorar... Todo a través de esas manos con las que plasma sobre el papel o sobre el teclado lo que tiene en esa maravillosa cabecita. Quisiera escaparme con él hoy mismo.


Son tantas cosas. Estoy tan enamorada... y él no lo sabe.

martes, 31 de mayo de 2011

sábado, 28 de mayo de 2011

Banco de recuerdos

Os dejo aquí mi pequeña aportación al banco de recuerdos:

Jamás quisiera olvidar las promesas que nos hicimos en las noches de verano frente al mar, con tus manos húmedas en mi cintura. El calor insoportable de la cama, la arena entre las sábanas, la textura de tu piel, tu voz que me decía cuando cerraba los ojos con todas mis fuerzas que no volverías a dejarme. No quisiera olvidarme de las risas que se colaban aún entre nuestras caricias minutos antes del clímax. Tampoco quiero olvidar las cenas, los hoteles, los conciertos, los juegos, las reuniones de familia, ni la imagen que tengo grabado de verte dormir junto a mi gato. No olvidar ese momento que grabé a conciencia en mi mente de la curva de tu cintura mientras dormías.

Y sin embargo tú ya lo has olvidado.

Un par de cosas

En primer lugar quiero aclarar algo sobre la anterior entrada. Soy una mujer insegura, sí, pero con lo que escribí lo que quería era decir algo así: Que me quieran como soy. No trataba de quejarme de mi forma de ser, sino de la aparente necesidad de ser como los demás para ser querido, aceptado. Paso por pequeñas crisis existenciales, como todo el mundo, pero la última no ha sido en el sentido en el que la habéis recibido. Era más bien una queja hacia los demás que hacia mí misma. ¿Por qué le dais tanta importancia a esas cosas de las que hablo y dejáis pasar las que implican mayor profundidad?

En resumen, que me siento diferente, y que lo que me duele es sentir que me obligan (o me obligo, qué se yo...) a convertirme en otra cosa que NO soy. Con mis defectos y con todo, con mi vulgaridad, con mi existencia mediocre... no tengo la intención de asumir todo lo que se supone que debo ser para gustarle al mundo. Así soy yo, en efecto. 

Lo segundo es que...

Dios mío, dios mío, dios mío... En solo una semana está naciendo de la tierra, de Dios sabe dónde tantos sueños, tanta esperanza, tanta respuesta al trabajo, al esfuerzo, al estrés, a lo que he sufrido, a lo que he tenido que aguantar, a tantas decepciones, tantos abandonos, después de tanta entrega y sacrificio... Se levantan delante de mí como espejismos que aún no puedo tocar. Me estoy acercando a ellos con el miedo con el que se camina sobre el vacío.

Si acaso pudiera abrir los ojos mañana y despertar ya allí, en el futuro...


martes, 24 de mayo de 2011

Solo soy yo

Solo soy una chica insegura del norte de España. No soy el colmo de la cultura. No tengo un vocabulario repleto de palabras que me hagan parecer más guapa. A veces hago una escapada al mundo, y sí, disfruto del cine, del teatro, de la ópera, de la literatura. No he leído todos los clásicos, ni conozco a muchos directores, pero sí soy capaz de conmoverme al escuchar a un músico en el metro, o de derramar unas cuantas lágrimas escuchando un concierto de música clásica en vivo. No conozco mucho de política. No. Pero tengo unos cuantos principios, unas cuantas ideas y un poquito de dignidad.

No visto muy bien. Nunca se me ha dado muy bien eso de combinar colores. Tampoco me gusta mucho gastar dinero en ropa, aunque de vez en cuando me gusta caer en la tentación. No me gusta salir en las fotos. Apenas tengo ninguna en la que no esté borracha, y si las tengo, en realidad, me avergüenzan muchísimo. No tengo ego (o seguridad) suficiente para divertirme posando, y sin embargo me encanta ver las fotografías de los demás. Me gustaría aprender a hacerlo para compartir con los demás lo que siento cuando veo un atardecer, o los reflejos en un vaso de agua, o al escuchar a los grillos en primavera.

En realidad ni siquiera me gustan esas cosas. No soy buena "haciendo". Se me da mejor sentir. Siempre ha sido así. Conozco poco, sé poco, soy buena en pocas cosas, pero siento una barbaridad.

También soy lenta. La mayor parte del tiempo tengo sueño, estoy cansada. Preferiría dedicarme a deambular por las aceras mirando a los demás. Es como si mi vida estuviese llena de huecos, de vacíos.

Tampoco quiero ser como los demás, ni quiero que me comprendan, ni que me tengan pena, ni que me miren, ni que me critiquen, ni que me odien. Sí que me quieran, aunque sea un poquito.

No quiero competir con los demás. No quiero tener que compararme continuamente con todo ni con todos.

Nachete, no soy guay. Soy vulgar, mediocre. Sé que tengo suerte, lo sé porque lo siento y lo agradezco con todas mis fuerzas, pero no hay más. Solo sé existir. Y sentir. SENTIR. Nada más. No puedo ofreceros más.

jueves, 19 de mayo de 2011

"... el amor poco a poco se extinguió con la ausencia, la pena con la costumbre, y el resplandor de incendio que enrojecía su cielo pálido, se trocó en sombra borrándose por grados."

De poco serviría engañarme y decir que no queda ni un rastrojo en el fondo. Tengo muchos más asuntos en la cabeza. Cada día que pasa hay más huecos... mejor dicho, más espacio. Para lo demás.

Comienzo así, pero hay otras prioridades ahí arriba. Como por ejemplo salir de aquí corriendo. Rapidito. Tres meses por acá, un año por allá...

Necesito huir de la continua ausencia que es vivir aquí. Me falta todo. Me falta el tren, los viajes, el autobús, las clases, los planes, las tareas, la gente, los amigos, las cervezas, el verano, la juventud... Que me ahogo fuera del agua, vamos.

Adiós.

sábado, 7 de mayo de 2011

De ningún sitio

Hoy es un día de esos en que no me apetece ver a nadie, ni hablar con nadie, ni escuchar nada de nada...

Podría tener entre las manos una enorme decisión que tomar, pero es tan pesada que ni siquiera me atrevo a plantearla.

Lo cierto es que cada día me siento más una extraña en estas tierras, como si me hubiesen desplazado el centro (ay, Cortázar...), como cuando se desfasan la imagen y el sonido en una película. Siento en el estómago la necesidad de salir corriendo lo más lejos posible de todo y de todos... Ya sé que suelo decirlo a menudo, pero hoy la diferencia está en que, si quisiera, podría simplemente desaparecer, largarme, perderme, arriesgar. 

Y mi ángel de la guarda sin aparecer.

¿Qué hago?




viernes, 6 de mayo de 2011

Gata.

Elegí el nombre sin dudarlo ni un minuto. Había tenido más gatos antes, pero siempre acababa llamándolos igual. Gato o Gata. Ese nombre tan amplio, tan poco específico, ha permitido que guardase en él todos los recuerdos, todas las asociaciones, las ideas, las imágenes que hoy están aquí, en mi cabeza.

Después de mudarnos a esta casa, apareciste por sorpresa una mañana en nuestro jardín. Te dimos algo de comer... y te quedaste para siempre. Al principio a mis padres no les hacía gracia la idea. Un gato, con todas las responsabilidades que llevaba consigo... y encima hembra. Una tarde, te llevaron en coche hasta la playa, y allá que te dejaron, esperando que tomases otro rumbo. Pero no lo hiciste. Supongo que habías tomado una decisión, y por la mañana ya tenías las patitas sobre el cristal.

Gracias a ti conocí a un gran hombre, un hombre que casi casi fue como mi abuelito, y que luchó tanto en Cantabria por los derechos de los animales... Te operamos, y fue así como aceptamos que a partir de entonces formarías parte de nuestra familia.

Nunca fuiste muy cariñosa. Apenas nos dejabas tocarte la cabecita, y en seguida lanzabas las zarpas enfadada. Yo siempre he creído que eras un poco mandona, y que lo que en realidad ocurría es que, en lenguaje felino, me decías cómo querías que te acariciase, y tonta de mí, que no entendía, siempre lo hacía mal. Y claro, te enfadabas conmigo. A veces era difícil entenderte. Sobre todo cuando te estirabas todo lo larga que eras y exponías tu barriguita al sol, como suplicando una mano en la tripa, pero apenas lo intentaba... ¡zas!

Siempre que hablaba de ti con alguien les decía: Mi Gata que no es una gata, es un bicho raro que no sabe decir "miau", que no ronronea ni se acurruca entre tus piernas, que no admite caricias. Y sin embargo de pronto a veces te escurrías entre mis piernas mientras colgaba la ropa, o frotabas tus bigotes con mi mano cuando me atrevía a rascarte detrás de las orejas.

Un día vi "Desayuno con diamantes", y te miré con otros ojos. Me prometí acostumbrarte a mis caricias. Y cada mañana muy a pesar tuyo te levantaba con mis manos y te cogía fuerte para que no tuvieras miedo.

Se me caen las lágrimas.

Hace unas semanas mi madre y yo te notábamos rara, y aún no tenías ningún síntoma. Pero actuabas extraño: buscabas caricias, te subías en el sofá a nuestro regazo, nos perseguías por la casa para no quedarte sola. Nosotras nos dimos cuenta, y desde entonces quisimos corresponderte.

La mitad de mi vida se dice pronto, y ahora te vas. Me dejas un poco más solita. Y no sé si sabes que te llevas contigo grandes partes de algunas historias que me hacen ser quien soy. Que han guiado mi vida. Te llevas porciones imborrables de recuerdos de personas que conocí, estoy segura, en parte gracias a ti.

Lo único que puedo darte es un enorme GRACIAS, y una parcela infinita de mi corazón. Solo para ti.

Dice el veterinario que te vas porque tenías un corazón tan grande en el pecho que no te dejaba respirar. Y no me cuesta nada creerlo.

Te quiero.

viernes, 15 de abril de 2011

Go

En algún momento alguien debió sembrar en mí la semilla de la negación. Quiero decir, del "no puedo" en lugar del "inténtalo una vez más", del "es imposible" en lugar del "esfuérzate y lucha".

Ahora voy viendo más o menos claro lo que ha estado pasando todo este tiempo, dónde está el objetivo y quién es el enemigo. Cuál es la prioridad, esa que tenía claro que era necesaria pero que aún no había encontrado.

Estoy "sacando la mierda fuera", como diría alguien que conozco. El camino así se va despejando. Esto fuera, aquello también, esto se queda, aquello se va... Y yo soy la que decide.

Adelante.