lunes, 19 de marzo de 2012

Hola Dios:

Te escribo esta carta porque quiero darte las gracias. 

Quiero darte las gracias por la poquita autoestima, autocontrol y fuerza que has puesto en mí. Quiero darte las gracias por poner lejos de mí todo lo que quiero, todo lo que me importa. Quiero darte las gracias también por todo lo que haces para impedirme conseguir lo que quiero: distancia, dinero, emociones, personas...


Sé que haces todo lo posible para ponérmelo difícil, y quiero que sepas que soy consciente de ello, de verdad.


Te pido perdón por seguir intentándolo a pesar de todo. Te pido perdón porque todos los días me acuesto habiendo dado un paso más hacia lo que me importa, porque sigo soñando, sigo deseando llegar a todas esas metas que tú me dices que son inalcanzables, o que no me las merezco.

Porque a pesar de todo sigo pensando que puedo, sigo aprendiendo, sigo reflexionando, sigo siendo inconformista, sigo enfrentándome a tus "no", sigo revelándome contra tus "nunca" con mis "quizá", "tal vez", "es posible", "a lo mejor", "puede", "probemos", "podemos intentarlo".

Sé que a otros les has convencido. Perdóname, pero no podré evitar llevarte la contraria también a través de ellos. Perdóname porque seguiré queriendo lo imposible. 

Espero que sepas acogerme en tu infinita misericordia.


viernes, 9 de marzo de 2012

Todo lo que necesito está aquí. Ahora. Ha estado siempre. Estará por siempre.

En  mi piel, en mis dedos, en mis piernas, en los huesos que me sostienen, en todo lo que ya poseo, en este pelo, la realidad que se mueve cuando pestañeo, en todos los pasos que doy y sobre todo en mi corazón que late en mi cabeza.

Todo lo que quiero es lo que sueño, despierta o dormida, sola o acompañada. No dejo de anhelar eso que llaman vida, cada vez más como un gesto amargo de cotidianidad, de hábito adquirido, de rutina aburrida, aplastante. Y por los huecos de la existencia me dejo llevar, flotar, llorar, fluir.

Conecto con mi fantasía y me vibra la piel. La vida es el deseo de vivir, las ganas, los nervios, las fuerzas extraídas de objetos inanimados, de naturalezas muertas, de recuerdos.

Todo es un continuo caer, elevarse, entrar, salir, odiar, amar, olvidar, recordar. Soy capaz de sentir la brisa del mar erizándome la piel a través del aire que dialoga con mi cuerpo cuando bailo desnuda en la habitación. Se me dilata la imaginación.

Me desarmo.

Vivo.

lunes, 20 de febrero de 2012

O. tiene una mariposa del tamaño de París en el estómago. Le salen llamaradas de fuego de los dedos, y el corazón, más que palpitar, le tiembla.

O. sueña con el caos solo cuando está muy despierta. Descuelga su miedo en la sonrisa de un hombre lleno de aristas cortantes, de recovecos, de huellas de dolor escondido. Su inseguridad es la manta más reconfortante que haya probado jamás.

Para no creérselo, O. se aferra a la realidad de otros hombres, aunque sabe que no es la suya. Como si fuese una actriz profesional, finge que se excita cuando le hablan.

Es curioso, porque hace unos años cualquier muestra de interés hacia ella desembocaba en un fluido denso entre sus piernas. Hoy, sin embargo, se le ha vuelto exigente el cuerpo. Como si un trombo saturase la conexión entre el corazón y su sexo, y solo alguien que le haga bombear fuerte le permitirá sentir verdadera excitación.

*

Los acontecimientos se han precipitado como una tormenta de verano en plena fiesta en la playa. O. tenía en su cielo cinco aventuras con cinco hombres diferentes, y ahora se van esparciendo, difuminando. Algunos incluso desaparecen.

"D" se ha esfumado. Se precipitó sobre ella tan fuerte y tan rápido, que no pudo ni imaginarse que pudiera llevar un paraguas, y mucho menos que hubiese cuatro hombres más arrastrándola por los soportales, deseando posar sus labios en ella casi tanto como él. "D" prefiere ocultarse porque "D" sabe que está enamorado, y huele el fuego creciendo en su interior. Mejor parar antes de quemarse.

"C" sigue allí, en el mismo sitio. Precisamente por eso no se da cuenta de que ambos se desplazan. "C" se excita cuanto más le crece la distancia, y solo quiere entrar en ella. Entrar en ella todo él, bucear en su profundidad sin límites. Más que eso, tratar de encontrarlos en su oscuridad, que se le antoja violenta, tierna y sexual.

O. sin embargo finge los orgasmos. Escribe onomatopeyas como trozos de hielo que es esparcen por un calor que no es suyo.

O. solo piensa en "B". En la forma en que mira sus letras, porque sabe que existe más cuando escribe, y se siente visualizando su propia historia de amor. En directo. O. se permite amarle porque es todo un gran secreto. Amarle. O. le ama. Le tiemblan los cimientos de todas las ausencias, de la colección de miedos que construyen su ser. Si alguna vez él sintiese lo mismo, se esfumaría, con toda certeza. La enorme mariposa rasgaría el vientre de un solo aleteo y emprendería el vuelo ante ambos, dejándolos perplejos.

viernes, 13 de enero de 2012

Cuerpos

A veces me repugna lo parecidos que podemos llegar a ser. 

Os veo como una masa uniforme de miembros desplazándose, emitiendo sonidos. Me desespera. Todos la misma piel, el mismo pelo, las mismas risas.

Entonces solo me consuelan vuestras tristezas, porque ahí sí me siento un poco diferente. Mi hueco no casa con vuestras enormes presencias, pretensiones de amor, de romanticismo, de letras que me suben y me bajan la comisura de los labios.

Me avergonzáis porque me entretenéis de lo importante, me engañáis con vuestros gestos y vuestras rutinas. Me hacéis confundir mi soledad elegida con vuestro rechazo, y luego sin embargo siento la carga de expresar vuestros miedos con todo mi cuerpo, llorando de placer.

Tenéis tanto vértigo, os atrae tanto el caos, que disfrutáis hasta el extremo cuando me dejo caer en el vacío con los brazos en cruz. 

domingo, 8 de enero de 2012

Me aplastas

Se echaba a llorar Julie Delpy en el taxi porque algo se había muerto años atrás cuando le conoció, porque desde entonces ya no era capaz de sentir.

A veces pienso que el corazón, o el amor, o lo que sea, no se puede reponer. Qué evidente ¿no? Pues a mí me cuesta asimilarlo.

Llega el primero y lo das todo. Después se rompe. El corazón se pudre despacito y le arrancas un pedazo para sobrevivir. En el siguiente te esfuerzas más. Quiero decir, te controlas más para sufrir menos, pero también tienes menos amor. Porque el corazón es más pequeño, e inseguro, y dedicas más tiempo y esfuerzo a protegerlo que a disfrutarlo.

Entonces se vuelve a romper. Y ahí ya te tienes que empezar a plantear cómo se vive sin él. Porque ya casi te ha desaparecido, pero vamos, que el espacio que deja es exactamente el mismo.

Ya está. Olvidas el corazón; que no te lo toque nadie, que se desintegra. Te ocupas entonces en llenar el vacío. Y resulta que encuentras a alguien que encaja casi a la perfección. Pero te roza un poco. Supongo que es lo normal al tener dos cosas así en el pecho, que no para de moverse, de ir y venir, y parece que empiezan hasta a pelearse; yo estaba aquí primero, me haces daño, échate para allá, no me dejas respirar.

Entonces se va.

Y el pedacito de corazón que te queda sobrevive, sí.

Pero tú... eso ya es otra historia.

martes, 13 de diciembre de 2011

Los días de mierda se intuyen desde el primer segundo de consciencia en la cama. Fijaos que no digo de lucidez, porque, en mi humilde opinión, mis momentos más lúcidos suelen venir de la mano de los sueños. Como esta noche, en la que él me ha enseñado entre abrazos a tocar Ziggy Stardust en su guitarra. El día solo podría ir a peor. Creo.

Para colmo, mi adicción al caos anuncia una recaída. La falta de sueño, de orden, de prioridades y de espacio me genera vértigo en las tripas. Me siento arrastrar al asfalto.

En días como hoy sería más fácil encerrarse en casa y no levantar la mirada de los pies de la cama, dejarse caer en la apatía, restarle preocupaciones al resto.

Quiero decir, que dejen de preocuparse, porque sufren por mí. Lo hacen cada vez que no me entienden, y eso sucede cada vez más a menudo. Me siento como una gran ausencia.

Pero sin resentimientos. Hoy no tengo ganas de esforzarme en nadie.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Lo que vendrá mañana

"Hoy voy a decirte lo que pasará mañana.

Nos cruzaremos y me mirarás, insistente... yo me dejaré. Empezaré a sentir esas mariposillas en la tripa cuando me sonrías, esas cosquillitas en los ojos y los escalofríos por la espalda imaginándome tus manos deslizarse como ellas por mi cintura, leves pero firmes. Quedaremos, tontearemos, hasta que ocurra.

Me besarás.

Yo a ti no, porque tendré el corazón roto y sin fuerzas para amarte... aún. Porque tú vas a encargarte de sanarlo. Empezaré a amarte, y huiré de mí para que no me alcances. Pero tú lo harás... tanto que llegaré a ser tú.

Pasará el tiempo y llenaré de ti los rincones de mi vida. Seré otra contigo; feliz.

Luego, uno de los dos se asentará. Es decir, lo dará todo por sentado. Se agobiará y el otro se dará cuenta. Empezará la desconfianza, las discusiones, los celos. Llegará la monotonía y no sabremos escapar de ella. No sabremos si será amor u otra cosa, y querremos recuperar aquello que sacrificamos por lo que un día que no recordamos ya, sentimos.

Uno de los dos tomará la decisión, y de un día para otro seremos extraños.

El que primero haga las maletas, vencerá. El otro se quedará sentado en la estación, esperando, viendo el tiempo pasar descalzo... Esperando nada.

Así que hoy... voy a dejar de pensar en ti.

¿verdad?"

Lunes 30 de abril del 2007

Una página de mi Diario.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ignorar

Ya no me toco con las manos. Me hago el amor con palabras que se van de ruta por mis piernas, construyen puentes al corazón, se entierran en mi estómago.

El límite de la cordura se pasea por tus bordes. Eres más ausencia que otra cosa. Los dos lo somos. Nos construímos desde la más profunda oscuridad, somos dos puntitos de luz generando energía. Amor quizá. O vida, es posible. Incluso felicidad. Sueños también. Libertad.

A escondidas la jaula es más cómoda porque no hay que forzar los formalismos. Los límites son más difusos, más subjetivos. Hay más libertad para soñar y menos para construir edificios reales, bases estables, con sentido.

No existe la conclusión, o el final, o el razonamiento objetivo científicamente demostrable. No hay spoilers.

Qué bien se está en el equilibrio de la ignorancia.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Jugar a científicos

La primera vez que entré en un aula de infantil me sentí como Alicia en el país de las maravillas. O yo había crecido de repente o aquellos niños eran muy pequeños. Solo tenían dos años, y no eran solo ellos, sino también todas las cosas diminutas que había en el aula. Todo mini.

Sin embargo, como por arte de magia, a medida que pasaban los días, los niños cada vez me parecían más grandes. O ellos estaba creciendo o yo me estaba poniendo a su altura. La cuestión es que de pronto ya no eran niños, sino seres con una metodología de aprendizaje y un mundo totalmente diferente al mío.

En el cole cambian las perspectivas. El adulto se agacha, el niño levanta la mirada del suelo y aspira a tocarlo todo, a aprender de todo lo que existe y de todas las combinaciones de realidad posibles. 

En los últimos años he podido observar y participar en numerosísimas conversaciones en las que los defensores de la ciencia insultaban a los estudiantes de letras y al contrario. Aunque he defendido cuanto he podido mi rama (las letras), creo que es necesario reconocer que es indispensable tener conocimientos sobre ciencias, y lo que es más importante, tener esto muy en cuenta en la educación infantil.

¿Qué? ¿Cómo? ¡Ciencias en Educación Infantil! ¡Qué barbaridad! Sí, y os digo más, que el juego tiene mucho de científico. HORROR.¿Pero cómo se te ocurre?

Pues sí, se me ocurre:

- Primero porque es FUNDAMENTAL conocer el desarrollo del niño. Y del adulto. Y de los mecanismos de aprendizaje que tienen todo que ver con lo cognitivo, con nuestro cerebro. Porque en ocasiones tendremos que enfrentarnos a enfermedades, y es necesario que sepamos qué y cómo son. Por cientos de motivos.

- Y segundo, porque el aula de infantil no es otra cosa que un laboratorio. Un lugar en el que los niños se formulan preguntas de todo tipo y en el que cuentan con numerosísimas herramientas para encontrar las respuestas. Y las respuestas las encuentran ellos no porque se las damos nosotros, sino porque realizan auténticos procesos de investigación, experimentaciones basadas en el método del ensayo-error. Métodos, procesos y herramientas que nos ayudan a adquirir un pensamiento crítico.



Y jugar, jugar cientos de veces a ser científicos: Aprender que cuando suelto algo de mi mano, cae al suelo y hace ruido, que distintos materiales hacen diferentes sonidos y reaccionan de diferentes maneras según la presión que se ejerce sobre ellos, descubrir qué ocurre cuando se mezclan diferentes colores, emocionarme al aprender a dividir la plastilina (¡eso es partir a la mitad!), experimentar las cualidades de los líquidos, descubrir la luz, la sombra, el sol y las estrellas...



¿Por qué los niños no quieren ser científicos? 


lunes, 10 de octubre de 2011

Normal...

“Anormal: adj. Que no responde a la norma. En cuestiones de pensamiento y conducta ser independiente es ser anormal y ser anormal es ser detestado. En consecuencia, el autor aconseja parecerse más al Hombre Medio que a uno mismo. Quien lo consiga obtendrá la paz, la perspectiva de la muerte y la esperanza del Infierno”. Ambrose Bierce "Diccionario del Diablo". (Extraído de una magnífica entrada de este blog)


Ser rara. No ser normal. Me vienen a confirmar mis sospechas ahora, después de 24 años de existencia, de compartir espacio-tiempo con hombres, mujeres, niños, adolescentes, conservadores, nacionalistas, izquierdistas, derechistas, autodenominados apolíticos, católicos, musulmanes, budistas, miembros de la cultura occidental, la cultura oriental, rockeros, raperos, hippies, heavys, indies, canis, yonkis, pijos, intelectuales, deficientes mentales, lectores, gamers, pederastas, amos, esclavos, músicos, funcionarios, y un etcétera infinito del que podéis haceros una idea.

Me dicen que yo sin embargo no soy como esas personas. Me dicen que yo soy rara, y claro, me siento inmediatamente al margen de esa masa enorme de normalidad que me rodea y que de pronto se me presenta tan homogénea.

Mi cabeza es un poco guerrera para estas cosas y resulta que cuanto más se golpea contra la masa más se fragmenta en pequeños pedazos, en pequeñas piezas del puzzle. A ver cuál me encaja.

Pues mira, algunas sí y otras no. Lo cierto es que lo único relevante que encuentro es que guardo CRITERIO para elegir con LIBERTAD lo que quiero y lo que me gusta, al margen de lo que diga la gran y homogénea masa social (que encima, no es tal cosa).

Lo normal es un concepto abstracto generado por un sistema que se alimenta de excluir de él a los individuos que no son rentables. Los califica de raros y los señala con su enorme dedo para que tú puedas reconocerlos y aislarlos. Antes de llamar raro a nadie deberíamos replantearnos qué es lo que consideramos normal, y por qué no, qué ganamos aislando así a otra persona solo por su forma de ser. Porque duele que te aíslen.

Menos mal que quedan personas con una mente lo suficientemente abierta y reflexiva como para ver el mundo como una mezcla heterogénea de personalidades, gustos, culturas y experiencias, que merece la pena conocer.



¿Y si... un maestro dijese de un niño en el aula de infantil que es raro? ¿No sería más adecuado decir que es diferente? ¿O más bien no será que todos son(somos) diferentes? Y si emocionarme con el Lamento de Dido me hace rara... que me quemen en la hoguera.