O. tiene una mariposa del tamaño de París en el estómago. Le salen llamaradas de fuego de los dedos, y el corazón, más que palpitar, le tiembla.
O. sueña con el caos solo cuando está muy despierta. Descuelga su miedo en la sonrisa de un hombre lleno de aristas cortantes, de recovecos, de huellas de dolor escondido. Su inseguridad es la manta más reconfortante que haya probado jamás.
Para no creérselo, O. se aferra a la realidad de otros hombres, aunque sabe que no es la suya. Como si fuese una actriz profesional, finge que se excita cuando le hablan.
Es curioso, porque hace unos años cualquier muestra de interés hacia ella desembocaba en un fluido denso entre sus piernas. Hoy, sin embargo, se le ha vuelto exigente el cuerpo. Como si un trombo saturase la conexión entre el corazón y su sexo, y solo alguien que le haga bombear fuerte le permitirá sentir verdadera excitación.
*
Los acontecimientos se han precipitado como una tormenta de verano en plena fiesta en la playa. O. tenía en su cielo cinco aventuras con cinco hombres diferentes, y ahora se van esparciendo, difuminando. Algunos incluso desaparecen.
"D" se ha esfumado. Se precipitó sobre ella tan fuerte y tan rápido, que no pudo ni imaginarse que pudiera llevar un paraguas, y mucho menos que hubiese cuatro hombres más arrastrándola por los soportales, deseando posar sus labios en ella casi tanto como él. "D" prefiere ocultarse porque "D" sabe que está enamorado, y huele el fuego creciendo en su interior. Mejor parar antes de quemarse.
"C" sigue allí, en el mismo sitio. Precisamente por eso no se da cuenta de que ambos se desplazan. "C" se excita cuanto más le crece la distancia, y solo quiere entrar en ella. Entrar en ella todo él, bucear en su profundidad sin límites. Más que eso, tratar de encontrarlos en su oscuridad, que se le antoja violenta, tierna y sexual.
O. sin embargo finge los orgasmos. Escribe onomatopeyas como trozos de hielo que es esparcen por un calor que no es suyo.
O. solo piensa en "B". En la forma en que mira sus letras, porque sabe que existe más cuando escribe, y se siente visualizando su propia historia de amor. En directo. O. se permite amarle porque es todo un gran secreto. Amarle. O. le ama. Le tiemblan los cimientos de todas las ausencias, de la colección de miedos que construyen su ser. Si alguna vez él sintiese lo mismo, se esfumaría, con toda certeza. La enorme mariposa rasgaría el vientre de un solo aleteo y emprendería el vuelo ante ambos, dejándolos perplejos.
lunes, 20 de febrero de 2012
viernes, 13 de enero de 2012
Cuerpos
A veces me repugna lo parecidos que podemos llegar a ser.
Os veo como una masa uniforme de miembros desplazándose, emitiendo sonidos. Me desespera. Todos la misma piel, el mismo pelo, las mismas risas.
Entonces solo me consuelan vuestras tristezas, porque ahí sí me siento un poco diferente. Mi hueco no casa con vuestras enormes presencias, pretensiones de amor, de romanticismo, de letras que me suben y me bajan la comisura de los labios.
Me avergonzáis porque me entretenéis de lo importante, me engañáis con vuestros gestos y vuestras rutinas. Me hacéis confundir mi soledad elegida con vuestro rechazo, y luego sin embargo siento la carga de expresar vuestros miedos con todo mi cuerpo, llorando de placer.
Tenéis tanto vértigo, os atrae tanto el caos, que disfrutáis hasta el extremo cuando me dejo caer en el vacío con los brazos en cruz.
domingo, 8 de enero de 2012
Me aplastas
Se echaba a llorar Julie Delpy en el taxi porque algo se había muerto años atrás cuando le conoció, porque desde entonces ya no era capaz de sentir.
A veces pienso que el corazón, o el amor, o lo que sea, no se puede reponer. Qué evidente ¿no? Pues a mí me cuesta asimilarlo.
Llega el primero y lo das todo. Después se rompe. El corazón se pudre despacito y le arrancas un pedazo para sobrevivir. En el siguiente te esfuerzas más. Quiero decir, te controlas más para sufrir menos, pero también tienes menos amor. Porque el corazón es más pequeño, e inseguro, y dedicas más tiempo y esfuerzo a protegerlo que a disfrutarlo.
Entonces se vuelve a romper. Y ahí ya te tienes que empezar a plantear cómo se vive sin él. Porque ya casi te ha desaparecido, pero vamos, que el espacio que deja es exactamente el mismo.
Ya está. Olvidas el corazón; que no te lo toque nadie, que se desintegra. Te ocupas entonces en llenar el vacío. Y resulta que encuentras a alguien que encaja casi a la perfección. Pero te roza un poco. Supongo que es lo normal al tener dos cosas así en el pecho, que no para de moverse, de ir y venir, y parece que empiezan hasta a pelearse; yo estaba aquí primero, me haces daño, échate para allá, no me dejas respirar.
Entonces se va.
Y el pedacito de corazón que te queda sobrevive, sí.
Pero tú... eso ya es otra historia.
martes, 13 de diciembre de 2011
Los días de mierda se intuyen desde el primer segundo de consciencia en la cama. Fijaos que no digo de lucidez, porque, en mi humilde opinión, mis momentos más lúcidos suelen venir de la mano de los sueños. Como esta noche, en la que él me ha enseñado entre abrazos a tocar Ziggy Stardust en su guitarra. El día solo podría ir a peor. Creo.
Para colmo, mi adicción al caos anuncia una recaída. La falta de sueño, de orden, de prioridades y de espacio me genera vértigo en las tripas. Me siento arrastrar al asfalto.
En días como hoy sería más fácil encerrarse en casa y no levantar la mirada de los pies de la cama, dejarse caer en la apatía, restarle preocupaciones al resto.
Quiero decir, que dejen de preocuparse, porque sufren por mí. Lo hacen cada vez que no me entienden, y eso sucede cada vez más a menudo. Me siento como una gran ausencia.
Pero sin resentimientos. Hoy no tengo ganas de esforzarme en nadie.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Lo que vendrá mañana
"Hoy voy a decirte lo que pasará mañana.
Nos cruzaremos y me mirarás, insistente... yo me dejaré. Empezaré a sentir esas mariposillas en la tripa cuando me sonrías, esas cosquillitas en los ojos y los escalofríos por la espalda imaginándome tus manos deslizarse como ellas por mi cintura, leves pero firmes. Quedaremos, tontearemos, hasta que ocurra.
Me besarás.
Yo a ti no, porque tendré el corazón roto y sin fuerzas para amarte... aún. Porque tú vas a encargarte de sanarlo. Empezaré a amarte, y huiré de mí para que no me alcances. Pero tú lo harás... tanto que llegaré a ser tú.
Pasará el tiempo y llenaré de ti los rincones de mi vida. Seré otra contigo; feliz.
Luego, uno de los dos se asentará. Es decir, lo dará todo por sentado. Se agobiará y el otro se dará cuenta. Empezará la desconfianza, las discusiones, los celos. Llegará la monotonía y no sabremos escapar de ella. No sabremos si será amor u otra cosa, y querremos recuperar aquello que sacrificamos por lo que un día que no recordamos ya, sentimos.
Uno de los dos tomará la decisión, y de un día para otro seremos extraños.
El que primero haga las maletas, vencerá. El otro se quedará sentado en la estación, esperando, viendo el tiempo pasar descalzo... Esperando nada.
Así que hoy... voy a dejar de pensar en ti.
¿verdad?"
Lunes 30 de abril del 2007
Una página de mi Diario.
Nos cruzaremos y me mirarás, insistente... yo me dejaré. Empezaré a sentir esas mariposillas en la tripa cuando me sonrías, esas cosquillitas en los ojos y los escalofríos por la espalda imaginándome tus manos deslizarse como ellas por mi cintura, leves pero firmes. Quedaremos, tontearemos, hasta que ocurra.
Me besarás.
Yo a ti no, porque tendré el corazón roto y sin fuerzas para amarte... aún. Porque tú vas a encargarte de sanarlo. Empezaré a amarte, y huiré de mí para que no me alcances. Pero tú lo harás... tanto que llegaré a ser tú.
Pasará el tiempo y llenaré de ti los rincones de mi vida. Seré otra contigo; feliz.
Luego, uno de los dos se asentará. Es decir, lo dará todo por sentado. Se agobiará y el otro se dará cuenta. Empezará la desconfianza, las discusiones, los celos. Llegará la monotonía y no sabremos escapar de ella. No sabremos si será amor u otra cosa, y querremos recuperar aquello que sacrificamos por lo que un día que no recordamos ya, sentimos.
Uno de los dos tomará la decisión, y de un día para otro seremos extraños.
El que primero haga las maletas, vencerá. El otro se quedará sentado en la estación, esperando, viendo el tiempo pasar descalzo... Esperando nada.
Así que hoy... voy a dejar de pensar en ti.
¿verdad?"
Lunes 30 de abril del 2007
Una página de mi Diario.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Ignorar
Ya no me toco con las manos. Me hago el amor con palabras que se van de ruta por mis piernas, construyen puentes al corazón, se entierran en mi estómago.
El límite de la cordura se pasea por tus bordes. Eres más ausencia que otra cosa. Los dos lo somos. Nos construímos desde la más profunda oscuridad, somos dos puntitos de luz generando energía. Amor quizá. O vida, es posible. Incluso felicidad. Sueños también. Libertad.
A escondidas la jaula es más cómoda porque no hay que forzar los formalismos. Los límites son más difusos, más subjetivos. Hay más libertad para soñar y menos para construir edificios reales, bases estables, con sentido.
No existe la conclusión, o el final, o el razonamiento objetivo científicamente demostrable. No hay spoilers.
Qué bien se está en el equilibrio de la ignorancia.
El límite de la cordura se pasea por tus bordes. Eres más ausencia que otra cosa. Los dos lo somos. Nos construímos desde la más profunda oscuridad, somos dos puntitos de luz generando energía. Amor quizá. O vida, es posible. Incluso felicidad. Sueños también. Libertad.
A escondidas la jaula es más cómoda porque no hay que forzar los formalismos. Los límites son más difusos, más subjetivos. Hay más libertad para soñar y menos para construir edificios reales, bases estables, con sentido.
No existe la conclusión, o el final, o el razonamiento objetivo científicamente demostrable. No hay spoilers.
Qué bien se está en el equilibrio de la ignorancia.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Jugar a científicos
La primera vez que entré en un aula de infantil me sentí como Alicia en el país de las maravillas. O yo había crecido de repente o aquellos niños eran muy pequeños. Solo tenían dos años, y no eran solo ellos, sino también todas las cosas diminutas que había en el aula. Todo mini.
Sin embargo, como por arte de magia, a medida que pasaban los días, los niños cada vez me parecían más grandes. O ellos estaba creciendo o yo me estaba poniendo a su altura. La cuestión es que de pronto ya no eran niños, sino seres con una metodología de aprendizaje y un mundo totalmente diferente al mío.
En el cole cambian las perspectivas. El adulto se agacha, el niño levanta la mirada del suelo y aspira a tocarlo todo, a aprender de todo lo que existe y de todas las combinaciones de realidad posibles.
En los últimos años he podido observar y participar en numerosísimas conversaciones en las que los defensores de la ciencia insultaban a los estudiantes de letras y al contrario. Aunque he defendido cuanto he podido mi rama (las letras), creo que es necesario reconocer que es indispensable tener conocimientos sobre ciencias, y lo que es más importante, tener esto muy en cuenta en la educación infantil.
¿Qué? ¿Cómo? ¡Ciencias en Educación Infantil! ¡Qué barbaridad! Sí, y os digo más, que el juego tiene mucho de científico. HORROR.¿Pero cómo se te ocurre?
Pues sí, se me ocurre:
- Primero porque es FUNDAMENTAL conocer el desarrollo del niño. Y del adulto. Y de los mecanismos de aprendizaje que tienen todo que ver con lo cognitivo, con nuestro cerebro. Porque en ocasiones tendremos que enfrentarnos a enfermedades, y es necesario que sepamos qué y cómo son. Por cientos de motivos.
- Y segundo, porque el aula de infantil no es otra cosa que un laboratorio. Un lugar en el que los niños se formulan preguntas de todo tipo y en el que cuentan con numerosísimas herramientas para encontrar las respuestas. Y las respuestas las encuentran ellos no porque se las damos nosotros, sino porque realizan auténticos procesos de investigación, experimentaciones basadas en el método del ensayo-error. Métodos, procesos y herramientas que nos ayudan a adquirir un pensamiento crítico.
Y jugar, jugar cientos de veces a ser científicos: Aprender que cuando suelto algo de mi mano, cae al suelo y hace ruido, que distintos materiales hacen diferentes sonidos y reaccionan de diferentes maneras según la presión que se ejerce sobre ellos, descubrir qué ocurre cuando se mezclan diferentes colores, emocionarme al aprender a dividir la plastilina (¡eso es partir a la mitad!), experimentar las cualidades de los líquidos, descubrir la luz, la sombra, el sol y las estrellas...
¿Por qué los niños no quieren ser científicos?
lunes, 10 de octubre de 2011
Normal...
“Anormal: adj. Que no responde a la norma. En cuestiones de pensamiento y conducta ser independiente es ser anormal y ser anormal es ser detestado. En consecuencia, el autor aconseja parecerse más al Hombre Medio que a uno mismo. Quien lo consiga obtendrá la paz, la perspectiva de la muerte y la esperanza del Infierno”. Ambrose Bierce "Diccionario del Diablo". (Extraído de una magnífica entrada de este blog)
Ser rara. No ser normal. Me vienen a confirmar mis sospechas ahora, después de 24 años de existencia, de compartir espacio-tiempo con hombres, mujeres, niños, adolescentes, conservadores, nacionalistas, izquierdistas, derechistas, autodenominados apolíticos, católicos, musulmanes, budistas, miembros de la cultura occidental, la cultura oriental, rockeros, raperos, hippies, heavys, indies, canis, yonkis, pijos, intelectuales, deficientes mentales, lectores, gamers, pederastas, amos, esclavos, músicos, funcionarios, y un etcétera infinito del que podéis haceros una idea.
Me dicen que yo sin embargo no soy como esas personas. Me dicen que yo soy rara, y claro, me siento inmediatamente al margen de esa masa enorme de normalidad que me rodea y que de pronto se me presenta tan homogénea.
Mi cabeza es un poco guerrera para estas cosas y resulta que cuanto más se golpea contra la masa más se fragmenta en pequeños pedazos, en pequeñas piezas del puzzle. A ver cuál me encaja.
Pues mira, algunas sí y otras no. Lo cierto es que lo único relevante que encuentro es que guardo CRITERIO para elegir con LIBERTAD lo que quiero y lo que me gusta, al margen de lo que diga la gran y homogénea masa social (que encima, no es tal cosa).
Lo normal es un concepto abstracto generado por un sistema que se alimenta de excluir de él a los individuos que no son rentables. Los califica de raros y los señala con su enorme dedo para que tú puedas reconocerlos y aislarlos. Antes de llamar raro a nadie deberíamos replantearnos qué es lo que consideramos normal, y por qué no, qué ganamos aislando así a otra persona solo por su forma de ser. Porque duele que te aíslen.
Menos mal que quedan personas con una mente lo suficientemente abierta y reflexiva como para ver el mundo como una mezcla heterogénea de personalidades, gustos, culturas y experiencias, que merece la pena conocer.
¿Y si... un maestro dijese de un niño en el aula de infantil que es raro? ¿No sería más adecuado decir que es diferente? ¿O más bien no será que todos son(somos) diferentes? Y si emocionarme con el Lamento de Dido me hace rara... que me quemen en la hoguera.
¿Y si... un maestro dijese de un niño en el aula de infantil que es raro? ¿No sería más adecuado decir que es diferente? ¿O más bien no será que todos son(somos) diferentes? Y si emocionarme con el Lamento de Dido me hace rara... que me quemen en la hoguera.
lunes, 3 de octubre de 2011
Children see, children do.
Sé que para este tipo de cosas que voy a contaros tengo mi otro blog sobre educación, pero lo cierto es que, como tengo la intención de utilizar este a menudo, se me hace un poco pesada la idea de mantener dos blogs paralelos, así que si no os interesa que os suelte el discurso educativo, podéis saltároslo, como siempre.
Esta es la primera entrada con contenido educativo desde que estoy matriculada en la Universidad de Cantabria en el Grado de Magisterio en Educación Infantil. Todo va mejor que bien por el momento, y para los cotillas puedo decir incluso que con ciertas perspectivas de emancipación del nido... Tranquilos, os enteraréis si finalmente se da el milagro.
La entrada de hoy viene motivada por un vídeo que, por enésima vez, nos han puesto en clase, y que a mí me sigue emocionando hasta cargarme los ojos de lágrimas:
Se trata de un vídeo en el que se nos habla de la importante responsabilidad que tenemos las personas para con la educación de los niños, entre otros motivos porque en una gran parte aprenden a través de la imitación, sobre todo de las personas que constituyen sus figuras de apego (esas personas que para ellos tienen carga importante de afectividad, esos a los que recurren cuando tienen miedos y necesidades que satisfacer). Podríamos ponernos a hablar, a raíz de este vídeo, del maltrato machista (y tengo mis razones para denominarlo machista, que expondré en otro momento), o del absurdo que supone pretender cargar con toda la responsabilidad de la educación a los maestros, cuando los niños aprenden incluso (más, diría yo) de los actos a los que damos menos importancia, de los menos conscientes y de los que menos voluntad educativa tienen.
Mi esperanza es que el filtro universitario de la pereza, la desmotivación y la desgana aplaste estas actitudes y a las personas que las mantienen, y que los que lleguen (lleguemos) al final seamos los auténticos profesionales.
El tiempo dirá.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Jaulas

Apenas me muevo siento el frío de las cadenas, de las rejas de todas estas jaulas que me oprimen. Que nos oprimen a todos, porque a veces me parece que solo yo me doy cuenta.
Me oprime el metal de lo que esperan de mí, de lo catalogado como normal. A veces incluso mi propio cuerpo me enjaula, aunque la mayor parte de las veces lo que hace es protegerme. Pero todo lo que usas para protegerte al final también acaba esclavizándote. Mi alma, mi espíritu, mi mente o mi intelecto, según cómo queráis llamarlo, no se encuentra más que obstáculos a la hora de emprender el vuelo. Así que me estrello atontada contra el suelo sin saber muy bien si estoy viva o muerta o si llegué a volar en algún momento.
La familia, los amigos, la cultura, la sociedad, la moral, la religión. No son más que máscaras y puertas blindadas de nuestro verdadero yo.
Ahora te invito a que te preguntes si tú estás siendo en este momento una jaula para alguien. Te invito a que te lo preguntes de vez en cuando, sobre todo si valoras la libertad, y aunque suene pretencioso, el amor.
¿Estás impidiendo a alguien el vuelo? Creo que deberíamos poner nuestra mente en ayudar a los demás a emprender el vuelo. En ayudar a perder peso en la cabeza, en lugar de sepultar continuamente la libertad bajo toneladas de prejuicios.
No es tan fácil distinguir cuándo estamos siendo libres o esclavos. Pero desde luego que la libertad nunca será tal cuando venga impuesta por otro. Porque si solo cumples las expectativas de los demás para que te dejen tranquilo estás dejándote llevar por el miedo. Y ese sí que es el mayor tirano. La libertad tiene que nacerte del cráneo.
Pero también se aprende.
Y para aprender hay que esforzarse. Así que esforcémonos en ser libres.
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