viernes, 1 de junio de 2012

Capítulo X

O. se deja caer. Es una expresión general para un sentimiento que se extiende a lo largo de su vida. A menudo busca pequeños responsables para dejar caer la sentencia: Me siento así por ti. Pero no. Es un sentimiento que trasciende edades y fronteras. 

O. busca a quién responsabilizar de lo que siente. Busca EN QUIÉN esconder lo que siente. A menudo confunde a los dueños de sus sentimientos. Algunos creen que es por ellos. "Es por mí, seguro". "No, en realidad es por mí". "No, que es por mí" piensa O. Pero nadie se da cuenta. O, es un eterno segundo plato, un continuo segundero en el reloj, un continuo "puede esperar", un continuo "aguanta", un continuo "ya llegará", un continuo "qué pesada eres, yo estoy primero". O, espera a la cola de la carnicería con la lista de la compra, con una cerveza en la mano, con un cigarro, con un sueño, con una esperanza. 

O. espera con el verano balanceándose en su falda, con todos los sueños de vete a saber tú qué vida que acabará vete a saber tú cuando, esperando vete a saber tú qué. Qué cosa. 

Pero O, siempre es feliz. A pesar de toda la tristeza. Es de esas pequeñas cosas que la separan del resto. Ay, cuánto ha podido llorar en una tarde como esta, cómo de hinchados puede tener los ojos, cómo de despreciada puede llegar a sentirse, y sin embargo es capaz de sonreír con cualquier canción, con cualquier esperanza de tenerla a ella entre sus brazos, ella que que se muestra receptiva, ella que parece suave, que parece sonreír, que parece tener ganas de ser feliz. Y no deja de imaginar su pelo meciéndose al ritmo de la música y de su cintura, de la cintura de las dos, del agua, del mar, de la sal, de toda esa desesperanza que ellas convierten en algo, en ganas de algo, en ganas de estallar, de sobrevivir, de volver a amar con sonrisas, no con lágrimas. 

O, sería suya. Solo necesita verla una vez más. Pero sabe que aún no. Que aún no se puede. Que hay que esperar. Y tiene miedo de todo. De todo el tiempo, de toda la distancia. 

No importa, no importa.

O. sabe cerrar muy bien los ojos. Herméticamente.


viernes, 25 de mayo de 2012


Estoy sentada en el sofá con un moño tenso en el pelo que me obliga a ser consciente de que estoy viva. Suena el lago de los cisnes. La casa retumba con cada trueno de la tormenta que ha acabado con el día.

Sobre mi mesa hay una copa de vino y tres libros.

Hoy he llorado. Después de tres meses, he llorado. Ya pensaba que algo se me moría por dentro. Yo, la llorona. Tres meses sin dejar caer un río de lágrimas. Que tres o cuatro habían caído, pero no de esas de necesitar abrazarme a mí misma (que Soledad es muy flaquita, jolín).

He sido consciente por un momento de una tristeza muy profunda. Mucho. Una tristeza que habita en el fondo infinito de mi ser. Me he sentido la piel crecer como la corteza de un árbol, a base de recuerdos, para cubrir bien esa pena que se recostaba sobre mí. Luego me he tomado una taza de café.

No sé qué libro elegir. Es demasiado tiempo jugando a distraerme. Ahora las palabras de un libro suponen una pausa interminable para sentir. Y no quiero, porque yo soy de las que huyen hacia delante. O eso dicen.

Dance of the swans. Me como el gajo de una mandarina, y ya veremos. 

domingo, 6 de mayo de 2012

Aeropuertos

Januz Miralles, The Wait
Cuando se deprime, O. se sube al coche y conduce en silencio hasta el aeropuerto. Los aeropuertos tienen mucho de límite. De vacío. De encuentro y desencuentro, de comienzo y final, de despedidas y bienvenidas, de lágrimas y sonrisas.

En el aeropuerto O. puede llorar tranquila y nadie sabe si es porque se va o porque vuelve, porque pierde a alguien o porque lo recupera. 

Los teléfonos móviles suenan sin descanso, como recién nacidos en la sala de neonatos. O. renace entre ellos, invisible. Nace y también se muere. Es una sala de espera infinita.

O. escucha las conversaciones ajenas con apatía. Son conversaciones que ella ya ha tenido, conversaciones que ha protagonizado y que en su momento la hicieron estallar en carcajadas, pero que pasan a su lado ahora como un tren de cercanías en el andén contrario.

O. come. Se hincha de materia el estómago. Lo alimenta como si fuese el corazón. Se desarma en lágrimas, sonríe, camina a prisa, arrastra una maleta vacía. Llena de sueños. Vacía. Llena de desamor. Vacía. Llena de Soledad. Vacía. Llena de sí misma. Vacía. 

Con el estómago a reventar, la maleta vacía y la piel de la cara empapada, O. se deja atrapar en las puertas giratorias, leyendo sin descanso el cartel de "Por favor, no se detenga", y no se detiene ni un momento; nada. Y la gente la mira y solo ve que no para nunca, pero no ve ni sus lágrimas, ni su estómago a reventar, ni la maleta, ni a ella, ni el tiempo que lleva dándole vueltas a la vida.

martes, 1 de mayo de 2012

Se me cae


A veces se me cae el corazón, se me resbala por el pecho hacia abajo. Lo siento, siento cómo va descendiendo poco a poco hasta depositarse encima del estómago. Lo noto entre otras cosas porque la voz se me pone bajita. No como en susurros, pero sí como lenta y dulce, calmada.

Justo entonces siento que me crecen los acantilados al borde de la piel. Me crecen con violencia aunque silenciosos, y siento la realidad como olas estrellándose en mí.

Todas estas cosas que siento, se resumen en que necesito un abrazo. De los de verdad. De los de me importas y para mí eres única y quiero estar contigo.

Y ya está. Eso es todo.

Soledad, sirve el té. 

lunes, 30 de abril de 2012

Ven, verano.

Estoy cansada del invierno. Que sí, que ya sé que hace más bien poco me emocionaba de solo pensar en ponerme un jersey enorme y esconder las manos en las mangas, mientras me fumaba un cigarro en la ventana y veía llover, muerta de frío. Y que solo quería tomarme cafés calentitos viendo alguna película. O cocinar bizcochos escuchando boleros.

Ahora mismo siento el frío como una manta de oscuridad que me aplasta. Me siento su rehén. Se me deshace el cuerpo en sueño, en ganas de dormir, en apatía. 

Yo quiero despertarme con los rayos de sol golpeándome la cara, ponerme un vestido suavecito, coger al gato en brazos y tumbarme en el suelo de la terraza para sentir las baldosas calientes en mis piernas, escuchar los pájaros, oler las flores. Quiero desayunar zumo de naranja fresquito, recién exprimido, y después salir a andar en bici escuchando música, hasta la playa.

Quiero oler el mar, sentir la brisa en la cara, quemarme los pies con la arena ardiendo, meterlos en el agua, hacer dibujos en la orilla, comer un helado sentada en las dunas, una ensalada fresquita, una cerveza helada, otro paseo, los niños, las cometas, las sandalias, los colores de los bikinis, las formas, los cuerpos, los juguetes, las sonrisas, el pelo mojado, las pecas, el olor de la crema de protección solar, las toallas, las sombrillas, el momento en que la playa empieza a quedarse sola y solo unos pocos valientes se dan los últimos baños antes de que empiece a atardecer...

Quiero verano. Lo necesito.

lunes, 23 de abril de 2012

Amanece




Me sube el dedo por la cuerda de la guitarra al mismo tiempo que se acuesta el sol por la bahía. Me siento vibrar el pecho con su voz a través de mis oídos, y se coordina con el viento en las ramas de los árboles. Siento una aceleración pausada en el corazón, me pestañean los ojos como si quisieran salir volando y me parece que soy una recién nacida gritando en silencio de la angustia de saber que no me queda más remedio que crecer.

Estoy esperando que se me funda la nieve del invierno con esta primavera y no termina nunca de hacer frío. Se me mezclan las estaciones. Ya no sé si soy verano con este hielo ártico abrazándome las venas, o si soy invierno, que el calor también me palpita a veces a grandes llamaradas por el pecho.

Voy buscando indicios de ganas de vivir en los espacios entre las hojas de cualquier árbol. Voy esperándome, voy dejándome llevar, voy flotándome, desterrándome. Me observo cambiando de piel, desplazándola con los dedos en silencio entre suspiros, respiración entrecortada, pequeñas gotas de sueños que se evaporan hacia dentro. 

(...)

sábado, 7 de abril de 2012

[Fragmento eliminado]



Se me está despertando el viento
aquí en mi cintura.
Le están creciendo los dedos.
Aquí, aquí. Siempre más aquí.

Siempre más adentro.
Siempre extendiéndose.
Siempre resbalando.

Me salen alas abstractas.
Alas con forma de raíces,
con forma de infierno,
de lava.

Con forma de silencio
me crecen estas alas hacia ti.
Hacia ti que eres yo.
Hacia yo que soy nada.

Tú me pesas un poquito.
Me luchas contra el viento de la
cintura.
Me afeitas las alas.
Calla.

Calla, porque no existo.
Calla, porque te pienso.
Porque también existes solo un
poco.
Fíjate bien, justo aquí.

Existes justo aquí en mi lunar.
Justo aquí en mi nariz,
en este labio de suerte,
en esta pestaña torcida.

[Fragmento eliminado]

No existo yo en ella,
no existo en su piel invertida.
[Fragmento eliminado]

Quiero borrarme del tiempo,
de todas las horas que llueven,
de todos los espacios.
Los ecos. Las sombras.

Tengo la luz gimiéndome en esta
oscuridad.
Déjanos salir,
salir, correr, desmayar, dormir.

Déjanos dormir en ti.
O qué sé yo. 

No sé. 


lunes, 19 de marzo de 2012

Hola Dios:

Te escribo esta carta porque quiero darte las gracias. 

Quiero darte las gracias por la poquita autoestima, autocontrol y fuerza que has puesto en mí. Quiero darte las gracias por poner lejos de mí todo lo que quiero, todo lo que me importa. Quiero darte las gracias también por todo lo que haces para impedirme conseguir lo que quiero: distancia, dinero, emociones, personas...


Sé que haces todo lo posible para ponérmelo difícil, y quiero que sepas que soy consciente de ello, de verdad.


Te pido perdón por seguir intentándolo a pesar de todo. Te pido perdón porque todos los días me acuesto habiendo dado un paso más hacia lo que me importa, porque sigo soñando, sigo deseando llegar a todas esas metas que tú me dices que son inalcanzables, o que no me las merezco.

Porque a pesar de todo sigo pensando que puedo, sigo aprendiendo, sigo reflexionando, sigo siendo inconformista, sigo enfrentándome a tus "no", sigo revelándome contra tus "nunca" con mis "quizá", "tal vez", "es posible", "a lo mejor", "puede", "probemos", "podemos intentarlo".

Sé que a otros les has convencido. Perdóname, pero no podré evitar llevarte la contraria también a través de ellos. Perdóname porque seguiré queriendo lo imposible. 

Espero que sepas acogerme en tu infinita misericordia.


viernes, 9 de marzo de 2012

Todo lo que necesito está aquí. Ahora. Ha estado siempre. Estará por siempre.

En  mi piel, en mis dedos, en mis piernas, en los huesos que me sostienen, en todo lo que ya poseo, en este pelo, la realidad que se mueve cuando pestañeo, en todos los pasos que doy y sobre todo en mi corazón que late en mi cabeza.

Todo lo que quiero es lo que sueño, despierta o dormida, sola o acompañada. No dejo de anhelar eso que llaman vida, cada vez más como un gesto amargo de cotidianidad, de hábito adquirido, de rutina aburrida, aplastante. Y por los huecos de la existencia me dejo llevar, flotar, llorar, fluir.

Conecto con mi fantasía y me vibra la piel. La vida es el deseo de vivir, las ganas, los nervios, las fuerzas extraídas de objetos inanimados, de naturalezas muertas, de recuerdos.

Todo es un continuo caer, elevarse, entrar, salir, odiar, amar, olvidar, recordar. Soy capaz de sentir la brisa del mar erizándome la piel a través del aire que dialoga con mi cuerpo cuando bailo desnuda en la habitación. Se me dilata la imaginación.

Me desarmo.

Vivo.

lunes, 20 de febrero de 2012

O. tiene una mariposa del tamaño de París en el estómago. Le salen llamaradas de fuego de los dedos, y el corazón, más que palpitar, le tiembla.

O. sueña con el caos solo cuando está muy despierta. Descuelga su miedo en la sonrisa de un hombre lleno de aristas cortantes, de recovecos, de huellas de dolor escondido. Su inseguridad es la manta más reconfortante que haya probado jamás.

Para no creérselo, O. se aferra a la realidad de otros hombres, aunque sabe que no es la suya. Como si fuese una actriz profesional, finge que se excita cuando le hablan.

Es curioso, porque hace unos años cualquier muestra de interés hacia ella desembocaba en un fluido denso entre sus piernas. Hoy, sin embargo, se le ha vuelto exigente el cuerpo. Como si un trombo saturase la conexión entre el corazón y su sexo, y solo alguien que le haga bombear fuerte le permitirá sentir verdadera excitación.

*

Los acontecimientos se han precipitado como una tormenta de verano en plena fiesta en la playa. O. tenía en su cielo cinco aventuras con cinco hombres diferentes, y ahora se van esparciendo, difuminando. Algunos incluso desaparecen.

"D" se ha esfumado. Se precipitó sobre ella tan fuerte y tan rápido, que no pudo ni imaginarse que pudiera llevar un paraguas, y mucho menos que hubiese cuatro hombres más arrastrándola por los soportales, deseando posar sus labios en ella casi tanto como él. "D" prefiere ocultarse porque "D" sabe que está enamorado, y huele el fuego creciendo en su interior. Mejor parar antes de quemarse.

"C" sigue allí, en el mismo sitio. Precisamente por eso no se da cuenta de que ambos se desplazan. "C" se excita cuanto más le crece la distancia, y solo quiere entrar en ella. Entrar en ella todo él, bucear en su profundidad sin límites. Más que eso, tratar de encontrarlos en su oscuridad, que se le antoja violenta, tierna y sexual.

O. sin embargo finge los orgasmos. Escribe onomatopeyas como trozos de hielo que es esparcen por un calor que no es suyo.

O. solo piensa en "B". En la forma en que mira sus letras, porque sabe que existe más cuando escribe, y se siente visualizando su propia historia de amor. En directo. O. se permite amarle porque es todo un gran secreto. Amarle. O. le ama. Le tiemblan los cimientos de todas las ausencias, de la colección de miedos que construyen su ser. Si alguna vez él sintiese lo mismo, se esfumaría, con toda certeza. La enorme mariposa rasgaría el vientre de un solo aleteo y emprendería el vuelo ante ambos, dejándolos perplejos.